Cuento
Bueno, se que ya han pasado las navidades y todas estas cosas, pero nunca viene mal un cuento para dormir (o despertar). Este lo escuche una vez hace bastante tiempo (y empezado para mas inri) en la radio, asi que no sabria decir si es de algun autor conocido o uno de estos cuentos_sin_nombre mas. En todo caso, ahi lo teneis, disfrutadlo. (Fallos achacadlos a este punyetero teclado aleman y las licencias literarias a Ana Maria Matute.)
Hace muchos anyos un maestro estaba encargado de educar a lo mas granado de su sociedad, aquellos que estaban llamados a convertirse en sus lideres. Filosofos, politicos, matematicos, artistas… y en verdad que estaba satisfecho con su tarea y orgulloso de sus alumnos a los que ofrecia todo su conocimiento y en los que tenia puestas todas sus esperanzas.
Asi llego el dia de la ultima clase, aquella que, esperaba, sus alumnos recordaran para siempre, y en la que , quizas, encontraran apoyo y consejo a la hora de tomar las dificiles decisiones que , sin duda, les esperaban en su vida futura.
El maestro estuvo pensando detenidamente cual era la ensenyanza que mas deseaba que sus alumnos recordaran y asi al final llego a una idea.
El dia de la ultima clase el maestro se prensento ante sus alumnos con un anfora de gran tamanyo y cuatro cestas y, si bien el anfora estaba vacia, las cestas parecian ser muy pesadas.
El maestro situo el anfora delante de sus alumnos y, poco a poco, con calma y habilidad, fue sacando piedras de un tamanyo considerable de una de las cestas e introduciendolas en el anfora hasta que todas ellas estuvieron dentro de esta. Una vez terminado este proceso pregunto a sus alumnos.
- Y bien? Esta llena el anfora? –
Y todos respondieron con un Si unanime y rotundo puesto que todos habian visto como su maestro colocaba todas las piedras dentro del anfora.
- Os equivocais – afirmo el maestro.
Con la paciencia que le caracterizaba, comenzo a sacar piedras de menor tamanyo de otra cesta y a distribuirlas en los huecos dejados por las que antes introdujera en el anfora , de forma que pudo colocar esta nueva carga de piedrecillas en su interior.
- Y ahora? Esta llena? – pregunto nuevamente el maestro.
La respuesta ahora fue mas timida ya que, aunque aun habia algun que otro partidario del Si, la mayoria intuia que algo se traia entre manos su maestro y que la respuesta no era tan simple como en un principio ellos habian supuesto.
- No, el anfora aun no esta llena – dijo el maestro confirmando las sospechas de sus aplicados alumnos.
Tomo otra de las cestas y volco su contenido en el anfora, de suerte que una especie de grijilla vino a caer en el interior del anfora, rellenando los huecos que aun habia entre las piedras colocadas en ella.
Y, por ultimo, asio la ultima de las cestas y una arena finisima cayo desde su interior hasta la boca del anfora, completando asi, los resquicios que aun pudieran quedar entre las piedras de gran tamanyo, las pequenyas y la grija. Nuevamente formulo el maestro su pregunta, aunque esta vez todos respondieron afirmativamente, el anfora estaba llena y todos podian asi verlo. Satisfecho con esta respuesta, sin embargo aun esperaba mas el maestro de sus avezados alumnos.
- Bueno, entonces que es lo que podemos aprender de la leccion de hoy? – les pregunto.
Los alumnos, pensando que la pregunta versaba sobre el tiempo y sus curiosos dobleces, espacios y prolongaciones , como curioso habia sido el punto de vista sobre la capacidad del anfora , dieron respuestas de diversa indole “Si ponemos empenyo podremos lograr tener tiempo para lo que nos propongamos” , “No importa cuan ocupados pueda parecer que estemos, siempre cabra alguna otra actividad”, “ Debemos aprender a administrar nuestro tiempo” … aunque estas respuestas distaban de ser la que el maestro queria ensenyarles y con la que sorprendio a todos.
-Sino hubieramos introducido las piedras de mayor tamanyo en primer lugar despues no hubieran cabido -
Y bien, ahora mi pregunta es, sabeis vosotros cuales son vuestras piedras grandes? y, sobre todo, las teneis ya en vuestro anfora?
Muakiss



